Y mientras seguía sentado en esa silla, me di
cuenta de que aquello que había estado imaginando toda la tarde, sucedió… Como si algo mágico hubiese
irrumpido en esa habitación, a la gente
a mi alrededor le salieron alas de demonio en la espalda y empezaron
a desaparecer, el mundo que conocía se torno un tanto apocalíptico, las letras
del pizarrón se hicieron liquidas frente
a mis ojos, comencé a navegar entre ellas intentando alcanzarlas en ese rio impetuoso que crecía bajo mis pies, y empezó mojándome
las medias por la hendidura de los zapatos hasta llegar a la mitad de mis
rodillas, podía divisar en mi mente sus ojos grises como el color del cielo en
días de tormenta y esa boca pequeña color cereza, que siempre lograba su
objetivo: “descontrolarme”…
Recordé ese día, y aquel
lugar dónde solíamos ir a comer libros de diferentes sabores, me encantaba el gustillo
de las hojas de esos libros de cubierta dura, porque sabía como a fresas con
chocolate, mientras tú, preferías comerte
las páginas de los libros de Cortázar, porque te resultaban de un gusto agridulce,
sin embargo, el sabor de ese cuento de
Quiroga que compartimos casi a la
deriva como su título, fue el mejor de todos, aunque todo mundo nos miraba
extraño, yo estaba feliz, me acordé entonces de aquellas palabras que me dijiste con tu vocecita de tono musical: “Acuérdate de venir
mañana o desapareceré”….. Me di cuenta de que el río que había estado mojando mis rodillas, se
había secado, dejando unas cuantas palabras a su paso… cuando las leí, algo muy
dentro de mí se removió:

:P me gustó preciosa <3
ResponderEliminaratte Joe
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