martes, 4 de junio de 2013

LAGRIMITAS DE CRAYÓN


No sé porqué lo hice, creo que fue muy fuerte el apretón que le di, al final terminé matándola, casi que descuartizándola en muchas partes, pero después de todo, creo que se lo merecía.
Ella siempre solía mirarme solo a mí, a su “jovencito”, así me llamaba, me hacía creer que todo era más bonito, de sólo pensar en que la iba a ver, me entraban unas ganas infinitas de ir a estudiar, de ver su cabello color amarillo parecido a ese crayón que venía junto con los lápices que me regalo mamá, el sólo pensar en sus ojos  me hacía palpitar el corazón muy, muy fuerte, así como cuándo el profesor me hacía correr 500 metros en la clase de deporte, eran hermosos… azulitos como el cielo, cuando su boca pronunciaba mi nombre al llamar a lista, sentía que me quedaba sin aire, y sólo podía responder con un  casi inaudible “ pre… pre…presente maestra”.
Dictaba la clase de español, y aunque odiaba los libros, comencé a apreciarlos gracias a ella; ese día en que  el rector del colegio la presento ante todos como la nueva maestra, la amé  en ese instante en que escribió su nombre con su hermosa  caligrafía y mencionó tiernamente: “Mi nombre es Cristina y espero les guste la lectura”. Desde que entro al colegio nos hicimos novios, ella dándome sus clases extra  porque no entendía la idea principal de los cuentos que nos ponía a leer, me acariciaba la espalda con su delicada mano, me respiraba en la mejilla mientras me hablaba, haciéndome sentir ese aire de complicidad, todos los martes y jueves, éramos sólo ella y yo.
Me hizo creer que era el hombre de su vida, cuando yo le decía que era hermosa y perfecta, siempre me respondía: “ay, Juanito, ojalá todos los niños fueran como tú, ¡shhhh!,  no le digas a nadie, pero eres mi alumno preferido” y así vivía yo, en un ensueño de palabras, queriendo ser mayor en un pestañeo y poder casarme con la profe Cristina y así como en los cuentos de hadas que nos ponía a leer “ser felices para siempre”.
Hasta que un día,  me hirió tan profundo que  no lo pude resistir, me sentí peor que aquella vez en que me dijeron que mi tortuguita murió o cuando dañe mi juguete de Superman, en el momento en que iba  para su despacho, escuché lo imperdonable, mi  Cristina, le decía lo mismo que sus hermosos labios  pronunciaban sólo para mí  en ese sagrado acto de los martes, a Felipe el de quinto…Y fue tan capaz de sonreírme como si nada al verme, “Hola Juanito”, No dijo nada más, no le di oportunidad de explicarse, dejé encima del escritorio la manzana que le llevaba  y  salí de allí. Me fui corriendo a casa, mientras mis lágrimas se salían, cuando llegué, tuve que decirle a  mamá que me caí jugando y por eso lloraba, subí a mi cuarto y busqué detrás de mi osito de peluche esa foto que le había tomado  a la profe hace algunos meses atrás mientras me explicaba la tarea con  la cámara que me regaló mamá, la contemplé por una última vez,  me daba rabia que fuera más  linda que mamá, que fuera mi primera novia y el amor de mi vida …… finalmente, arrugue  la foto  con mis manos, busque  las tijeras , y la partí en mil pedazos, de esta forma, fue que Cristina murió entre la furia absurda de mis manos, las tijeras y mis lágrimas, llevándose consigo mis ganas de volver a leer y mi gusto por el español.

1 comentario:

  1. Me encantan tus escritos, siempre me deleito con ellos provocando en mi un orgasmo mental y, seria para mi todo un placer que algún día hicieras uno exclusivamente para mi, no te pido que sea de amor ni amistad; solo te pido que sea escrito con gran sinceridad para este chico que no te deja de...

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